Consejos para maridar vinos y carne

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Según nuestra experiencia, es recomendable acompañar las aves como el pollo o el pavo con rellenos o estofados, de vinos blancos frutales con acidez moderada y buen cuerpo.

Aunque si están elaborados al asado tradicional, con buena condimentación y especies, requerirán vinos como un tinto tánico pero no excesivamente potente, como un crianza de estilo medite-rráneo, frutal, cálido y suave.

Otra ave como el pato, cuya carne es grasa y de textura delicada, que bien elaborada se torna un exquisito manjar de reyes, precisa de vinos de carácter firme, para lo cual podríamos recomendar un blanco de crianza o un tinto joven y fresco.

La constitución, el color y la complejidad de los vinos tintos nos predisponen a usarlos como acompañantes de los platos de carne.

Cuando estos platos sean cordero o res, preparados de forma que predomine el sabor de la carne, usaremos tintos complejos, profundos y aterciopelados, afinados por el tiempo, como un Gran Reserva. En cambio, en estofados o carnes muy condimentadas con salsas fuertes y especiadas, será mejor un tinto menos maduro, más tánico y corpulento (Reserva).

Un buen truco es utilizar en la elaboración del plato un poco de ese vino ideal para él, donde algunas variedades son perfectas para ciertas comidas, como la uva tinta Cabernet Sauvignon, insupera-ble si se utiliza para cocinar el cordero.

TAMBIÉN CON LOS POSTRES

Existe una parte de la comida que no tenemos costumbre de acompañar con vinos: los postres.

En un clima tan cálido como el cubano, resultan buenos pretendientes para los postres los cavas y los champagnes, aunque también servidos bien fríos pueden acompañarse de moscateles y vinos dulces de vendimias tardías (Late Harvets), sin olvidar a los oportos, que también son ideales.

Claro, para hacer cualquier recomendación es preciso analizar el grado de dulzor y lograr que el contraste y el equilibrio entre la bebida y el postre no sature.

Así, si los postres son marcadamente dulces o con presencia de chocolate amar-go, sería acertado acompañarlos con un brandy, un cogñac o un buen ron reserva, a lo cual podemos unir un café cubano y un buen habano para lograr un momento memorable.

OTRA GRAN CONVIVENCIA

Los vinos y los quesos merecen un tratamiento aparte. Aquí se han llevado a lo sublime los maridajes regionales (el queso local con el vino local). Esto es siempre una apuesta segura por lo cual resulta muy recomendable.

Para hablar de esto en detalle necesitaríamos varios artículos, por lo cual diremos de forma general que existen quesos tan neutros, otros tan grasos y otros tan fuertes, que es imposible recomendar un vino o estilo de vino si no sabemos de antemano de que variedad de queso se trata y su condición en el momento de ser consumido.

Para cualquier recomendación siempre se debe tener en cuenta la materia grasa, la textura y el grado de curado del queso, así como los taninos, la acidez, los azúcares y la untuosidad del vino. Se cree popularmente que la mejor compañía de los quesos son los tintos y esto no es ciento por ciento así.

Los fuertes quesos azules, que van perfecto con los vinos blancos botrizados, maridan también con los oportos debido a su dulzor y tenor alcohólico.

En general, con la mayoría de los quesos los vinos blancos son los que mejor van, pues se realzan mutuamente sin aniquilarse. Es fundamental hacer coincidir la composición grasa del queso y el cuerpo y untuosidad del vino.

Y en este enlace hay una celestina que no debe faltar: el pan, que tostado aportará un amargo para contrastar con la untuosidad del queso; así como unos frutos secos, almendras tostadas y dátiles complementarán a la perfección esa fiesta para el paladar.

 PARA GUSTOS…

En sentido general, no debemos olvidar que el arte del buen comer y beber tiene pocas reglas fijas, y cualquier combinación posible siempre tiene un carácter individual y subjetivo en función del gusto personal.

Lograr que un vino y un plato se complementen y realcen mutuamente es, a la vez que un reto, uno de los más grandes deleites del mundo de la gastronomía.

Por eso, el inmenso y apasionante mundo de los maridajes es un tema que siempre deberá ser tra-tado con pensamiento abierto, pues para gustos se han hecho los colores… y para escoger los vinos.

 

Visto en: excelenciasgourmet.com

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Como elegir un buen vino dulce

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Son cada vez más las bodegas que, por razones más de marketing que enológicas, sacan su vino dulce, envasado en lindas botellitas de medio litro o tres cuartos, doradas y esbeltas. Sin embargo, de las más de 40 etiquetas disponibles en este segmento de mercado, sólo unas pocas están elaboradas con refinamiento y clara conciencia de balance. La mayoría, detrás de sus aromas sobre maduros esconden una falta singular de equilibrio: o son demasiado dulces, o muy gomosas. Es que la naturaleza excesiva de los vinos tardíos, los dulces naturales y los fortificados no admite medias tintas. Si no está en su punto justo, agota e incluso quita las ganas de beber.

A continuación os dejamos algunos consejos esenciales que os servirán de guía cuando vayáis a comprarlos:
– Fijate con qué uva están hechos. Entre los varietales que mejor caminan, se destacan los que se elaboran a base de Torrontés, y eventualmente Sauvignon Blanc o Semillón. Desconfiá de otras cepas.

– No te dejes convencer por la estética.
 En la mayoría de los casos, estos vinos se compran para regalar, por lo que vienen con varios elementos de imagen (stamping, letras doradas, relieve en la etiqueta) que llaman la atención, pero que no necesariamente garantizan aroma y sabor.

– Mira con atención la graduación alcohólica. Si pasan de 13,5% tenéis más posibilidades de meter la pata. Si el tenor alcohólico ronda es de 11 o 12%, significa que el vino está mejor equilibrado.

– No prestes atención al color del vino, que puede variar desde un amarillo deslucido hasta un ámbar profundo. No guarda relación con la calidad.

– Ten en cuenta el origen. En los valles altos tienen mejores posibilidades de producir tardíos más sofisticados, porque son frescos por la noche.

visto en: Planeta Joy

Como elegir un buen vino tinto

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España es uno de los principales productores de vinos en Europa y posiblemente ofrezca la mejor relación “calidad-precio” de todo el continente. Tanto es así, que se producen vinos totalmente diferentes entre una zona y otra.

Desde la clásica, D.O.C. Rioja, que se caracteriza por su barrica y su sutil fruta que da vinos suaves pero con un sello de identidad, o la D.O. Ribera del Duero con su fuerza y densidad, hasta los vinos de corte mucho más moderno, como los de D.O.Q. Priorat, Vinos de Jumilla, Toro o Calatayud. Son vinos en su mayoría muy potentes y minerales con coupages innovadores que rompen con todo lo producido hasta hace unos años.

El conjunto global de Denominaciones de Origen, hace de España un país ideal para disfrutar bebiendo vino. La cuestión es ¿qué tengo que saber para comprar vino tinto?

Hay varios factores a tener en cuenta, pero principalmente debemos recordar los siguientes. Tened en cuenta que el tema da para mucho, así que aprovecharemos para hablar de ello más adelante.

La denominación de origen: Por su clima y suelo, son factores determinantes en el desarrollo de la variedad de la uva. Las horas de sol favorecen la maduración y por lo tanto la cantidad de azúcar en la uva. El suelo, puede variar según la región. En el Priorat se destaca ese toque mineral de sus vinos gracias a su Llicorella y, en cambio, en Toro son arcillas areniscas.

La variedad de uva: Es de la fruta en sí, de donde obtendremos el mosto. Una Garnacha del Montsant siempre será sutil, fina y afrutada y nos dará vinos con colores frambuesa y llamativos. La Cariñena en cambio, variedad que se adapta bien a su coupage, dará intensidad, astringencia y un punto de fuerza.

La crianza y su envejecimiento: Es el tiempo que el vino pasa dentro de una barrica para redondearlo, quitar asperezas y entregarle cualidades que nos aportará la madera. El tiempo del vino dentro de ella puede variar según lo que busquemos. Una vez fuera recibe una “segunda crianza” pero esta será dentro de la botella.

visto en: decantalo.com

 

Consejos para elegir un buen vino blanco

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Antes de comenzar con las recomendaciones sobre una buena elección de un vino blanco, el autor del Manual de cata. ¿Es bueno este vino?, libro didáctica que nos enseña todos los trucos para saber apreciar los vinos,  considera que hacernos ésta pregunta es tan complicado (o sencillo) de responder como si preguntamos si es bueno un abrigo. El uso que se le vaya a dar, la fecha en la que se consuma, el gusto de quien lo toma….

Son muchos los factores que implican que un vino más que bueno o malo, sea de nuestro agrado y lo disfrutemos plenamente. Incluso un vino mediocre, podrá pasar a nuestro recuerdo como bueno, si cuando lo bebimos se dio una circunstancia especialmente positiva. Más que el vino, estaremos recordando un momento feliz asociado a un vino determinado. Con esto será suficiente.

Dicho esto, tal vez si al menos sabemos en qué debemos fijarnos a la hora de elegir un vino blanco, nos podremos hacer una idea para evitar errores y disfrutar de la elección. Por hacerlo con la secuencia propia de la cata de vino, hablaremos de las tres fases: Visual, Olfativa y Gustativa.

Primeras apreciaciones para elegir un vino blanco

Además hay que tener en cuenta que el vino sea joven, fermentado en barrica, semi-dulce, dulce, de aguja, espumoso… cada vino tiene un momento y un alimento. También hay que tener en cuenta esto para que a la hora de la elección, no nos den un vino “fuera de juego”.

Si es joven, deberemos tomar la referencia de la última vendimia. Nunca más de 2 años de su vendimia. Por ejemplo, muchos vinos albariños salen al mercado durante los meses de marzo o abril. Por lo que su vida óptima ronda un año más, además esta variedad es más longeva que otras.

Fase visual

Visualmente un vino blanco ha de ser limpio, brillante. Si es joven, la tonalidad pasará del amarillo pajizo o dorado muy pálido. Algunos vinos los veremos prácticamente translucidos, con poco color.

No diré que son malos pero a mí, el vino blanco me gusta con su color natural que dependerá de la variedad y la elaboración. Si el vino es joven, huir de los que tienen más de dos años y presentan una tonalidad dorada intensa. Los vinos que tienen un proceso de fermentación y/o crianza en barrica, tendrán un color más intenso (por regla general) insisto, esto dependerá de la elaboración y variedad, pero esto vendrá indicado en la etiqueta.

Fase olfativa

La fase olfativa, será determinante, al menos para anticiparnos a lo que el vino será o mostrará en boca.¿Qué debemos buscar en un vino blanco? Aromas frescos a fruta (cítricos, blanca, de hueso, tropical, plátano…), flores, herbáceos… todo dependerá de la variedad con la que se ha elaborado el vino. Debe de ser un aroma armónico y agradable, que nos invite al trago. Si el vino ha sido criado en barrica, vendrá acompañado también de aromas a tostados, ahumados, siempre de una forma sutil. El vino no debe de oler a madera en ningún momento, si no a lo que ésta le otorga y siempre, en equilibrio con la fruta y flores.

Fase gustativa

El vino es para beber, por lo que en boca es donde de verdad ha de demostrar su valía. ¿Cómo tiene que ser? Fresco, aromático, intenso, con buena acidez pero al mismo tiempo equilibrado en su conjunto. El retrogusto (persistencia del sabor del vino en la boca) nos podrá recordar a lo mismo que percibíamos en nariz o a una evolución de éstos, pero siempre agradable. Un vino será bueno, si tras un trago, nos apetece otro. Esto es porque nos deja una buena sensación y recuerdo en boca.

Maridajes con vinos blancos

Volviendo a los “experimentos” contrastados, un buen vino dulce marida con un queso, como por ejemplo el Manchego curado en manteca de Quesos La Hita que hace un buen amigo. También, por supuesto, acompañando un foie. Los vinos blancos acompañan muy bien a los arroces. Cuidado con las ensaladas el vino suele “llevarse” muy mal con los vinagres. De ahí pasamos al tópico del blanco con marisco y pescados.

¿Vinos blancos acompañan carnes?

Si el blanco tiene consistencia, por ejemplo el B de Basilio, podríamos incluso consumirlo con un chuletón de ternera blanca. Por decir un plato de cuchara… unas fabes con almejas  también podrían ir bien con un blanco fermentado en barrica o un albariño. Siempre hablamos de platos preparados, pero una lata de un buen berberecho gallego con un Ercavio Malvar es toda una delicia.
En definitiva, el mejor vino blanco es el que más te guste y esto va a depender también de cómo se consume (temperatura, copa…), con qué lo tomemos (maridaje), cuándo (tiene que apetecer, aunque cualquier momento es bueno para un buen vino) y por supuesto, con quién. El vino en compañía se disfruta mucho más.
El precio del vino es irrelevante cuando hablamos de experiencias y de que una botella de un gran vino blanco cuesta menos que un Gin tonic en cualquier discoteca de capital. El vino se comparte, el Gin Tonic, no.
Texto elaborado por Joaquín Parra, Director de Wine UP Consulting, autor del Manual de Cata ¿Es bueno este vino?

Consejos para descubrir un buen Champagne.

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Es uno de los vinos más sofisticados y admirados del mundo, por eso es fundamental saber reconocer un champagne de calidad. Si quieres ser toda una experta en esta delicia gastronómica no pierdas detalle de nuestro artículo.

Su historia se remonta a los comienzos del siglo XVIII, cuando empezó a realizarse en la región de la Champaña (Francia). Se trata de un vino espumoso elaborado a base de distintos tipos de uva y, aunque suele ser blanco, también podemos encontrarlo rosado. El equipo de expertos de Louis Roederer nos ofrece las claves para poder identificar un champagne de gran calidad:

  • Criterios visuales:
    • Debe tender a tener un color pálido, tanto si se trata de un vino blanco o rosado.
    • La burbuja ha de ser pequeña y tiene que subir muy despacio. Esto nos indica el grado de integración y si se trata de una larga crianza.
    • Si las pequeñas burbujas se acumulan en el cristal de la copa se trata de un champagne fresco y en buen estado de conservación.
  • Criterios aromáticos:
    • Un buen champagne debe ser aromático.
    • Los más sofisticados deberían presentar gamas de fruta frescacomo limón, manzana o pera fusionadas con otras tostadascomo brioche, productos de panadería o frutos secos.
    • El buen champagne debería evolucionar y ofrecer distintos aromas con el paso del tiempo después de ser servido.
  • Criterios en paladar:
    • Si realmente se trata de un buen champagne, deberá deslizarse suavemente por el paladar con una textura cremosa y con cuerpo.
    • Debe ofrecer una acidez de calidad, siendo refrescante pero no agresivo.
    • El gusto a fruta tiene que estar siempre presente. Debe aportar frescura en la boca y dejar un final largo y gustoso.

Visto en: “nosotras.com”